El pretexto llamado cuerpo 

En el marco de la estética pictórica contemporánea, el discurso en torno a la figura humana deja de ser un objeto de contemplación y se transforma en un territorio de acción y significado: “El cuerpo como propósito: memoria, psique y materia”. 

En esta muestra,  el cuerpo se presenta como un enlace crítico entre el artista y su contexto. Es una invitación para transitar por una narrativa donde la carne, la piel y la forma se resignifican ante la reconstrucción histórica, la catarsis emocional y el retorno a la raíz.

A través de las obras de Inés Tolentino, Judith Mora y Lucía Méndez, se reconoce, por ejemplo, la relación con las conclusiones de Antonio Damasio: entender que la mente no es una entidad aislada, sino un proceso que emerge de la biología. No pensamos a pesar del cuerpo, sino a través de él. En ese punto es donde lo corpóreo  deja de ser envoltorio y se concibe como un proceso vivo, de resistencia y creación.

El ejercicio contemplativo, en este conjunto de “pretextos”, permite enlistar o registrar una serie de “mapas de estados corporales”, que oscilan entre la evocación íntima y el grito político. Es el arte estableciendo un lenguaje y una relación estética que surge de reflexiones individuales, pero resuena en lo colectivo y dialoga con lo cotidiano.

Inés Tolentino

“Mi infancia son recuerdos de un patio y un huerto claro donde madura el limonero”                              
Antonio Machado_

El cuerpo se pone a disposición de la memoria, no como una entidad biológica, sino como un «recipiente-archivo» que custodia fragmentos de identidad, relaciones sugerentes y herencia. Figuras intervienen como frascos que integran el mapa, el vestido y el objeto cotidiano, sugiriendo que nuestra morfología es, ante todo, una construcción cultural y temporal. Aquí, el propósito es el rescate: el cuerpo actúa para que el olvido no se consuma, convirtiéndose en soporte o terreno fértil para la permanencia simbólica. 

Allí es donde el testimonio funciona como un receptáculo de historias personales y colectivas, que reclaman la estructura su propia imagen hasta configurar  la “anatomía del recuerdo”.

Judith Mora

“No todas las cosas, cuando se rompen, hacen ruido. Hay algunas cosas que colapsan por completo en el silencio más absoluto”.                                                                                                                         
Mercedes Reyes Prada_

Las rupturas más grandes ocurren en la quietud de la mente, invisibles para el mundo exterior. Monólogos internos y marcadores somáticos procesan quiebres internos y estados emocionales profundos antes de que el cuerpo siquiera pueda expresarlos con palabras.

Bajo esas tensiones, no es un cuerpo para ser visto, la piel y la forma están a disposición de la emoción pura; el cuerpo se deforma o se acentúa para mostrar estados de ansiedad, soledad o búsqueda espiritual, generando una fuerza centrígufa que se estira en busca de su libertad.

Lucía Méndez

“No soy una sola persona, soy muchas personas; no sé quién soy, ni cómo separar mi vida de las vuestras”.      Virginia Woolf_

Como un instrumento con voluntad, el cuerpo está vinculado a las emociones y sentimientos. Son estos últimos lo que gritan sentido de pertenencia, un propósito colectivo o ancestral que se disuelve en la naturaleza o en «los otros» para encontrar su sentido.

Materia y mente encarnada obligan a reconocer la presencia física, un cuerpo-naturaleza que está a la orden de los ciclos de vida, muerte y regeneración. Lo existencial como esa «interfaz» que mantiene, de manera indisoluble, la intención de volver a la raíz.

Alescar Ortiz | Curador