Habitarse no es solo encontrar refugio en un espacio, es una construcción emocional, la respuesta a las relaciones humanas como estructura social. Es un simbolismo que resguarda distintas ambientaciones y materialidades que permiten vincularnos desde la vivencia.

Esta narrativa sirve de sostén en la configuración de un reservorio para la memoria, un lugar íntimo al que se puede acceder sin miedos y sin juicios. Un archivo del tránsito que preserva las múltiples experiencias para la recurrencia reflexiva, que ofrece la oportunidad de percibirnos y conectar con distintas realidades, además de estimular la conexión emocional y espiritual.
Un yo caribeño habitando en Italia entrelaza las geografías, no solo territoriales, sino también las ideológicas al desafiar la estancia de la nostalgia; lo que implica activar ese lugar sagrado dentro de nosotros mismos. En las inquietudes de José Demetrio Peña nace el cruce de sensibilidades, una serie de momentos fragmentados, huellas del desplazamiento que desmaquillan la fragilidad de lo humano: lo placentero, el riesgo, la memoria y la supervivencia como columnas del presente.

Volver al lugar de origen, donde no se puede tocar nada, es para José Demetrio una entrada a nuevos diálogos y un recorrido intencional que refuerza su patrón visual. Establecer el lazo entre la añoranza y el choque cultural junto a sus preocupaciones globales; otra forma de estructura lógica para la introspección y la transformación, su único modo de estar. Esta universalidad de temas (violencia, consumo, ecología, poder), da cabida a la elaboración cuidadosa del microrelato como dispositivo para tejer la relación social entre lo irónico y lo cotidiano, donde el caribeñismo aporta la evocación de lo vital, la ineludible oportunidad de liberarse del silencio.

Como parte de sus convicciones, José Demetrio no se desliga de la auto-observación, procura la búsqueda de un diálogo que establece el antropocentrismo como puente para unir elementos esenciales y mostrar lo comunitario como cuerpo latente, más allá de posibles tensiones políticas, pues en la teatralidad de la vida ocupamos un espacio, pero el espacio también nos ocupa.
Alescar Ortiz | Curador



